Cómo el yoga arruinó mi vida y cómo me la salvó después (Parte II)
Como hemos visto en la primera parte del artículo, cómo el yoga me arruinó la vida está relacionado con los procesos de transformación lentos.
Si no lo has leído aún, haz clic AQUÍ y léete la primera parte del artículo, que es donde me arruina la vida.
En esta parte te voy a contar cómo me la salva. Y cómo me la salva lo asocio con los procesos de transformación repentinos.
Los procesos de transformación repentinos en el yoga:
Estos procesos de transformación repentinos son provocados por la vida, el Gran Maestro.
De esto nadie se libra, eso tenlo por seguro.
¿Y a qué me refiero exactamente con esto?
Básicamente lo que te quiero decir es que de vez en cuando la vida te pega un sopapo en la cara.
Muchas veces sin avisar.
Y no te lo esperas.
Este tipo de eventos pueden ser de diferentes naturalezas, por ejemplo, la pérdida de un ser querido, una catástrofe natural, una guerra, un accidente, … ya me entiendes.
El karma en la práctica de yoga: lo que nadie explica
Bien.
Llegados a este punto quiero puntualizar una cosa.
En la primera parte del artículo mencionaba de refilón a Pattabhi Jois con su famoso “practice, practice, and all is coming”.
Voy a elaborar un poco más en esto aquí y ahora.
A mi entender y de acuerdo con mi propia experiencia y con las escrituras yóguicas, hacer una práctica espiritual no es ninguna coña.
Repito, no es para tomárselo a la torera.
Prārabdha, samcita y āgāmī karma aplicados a la vida real
Verás…
Hay varios tipos de karma.
Tenemos el prārabdha karma, el samcita karma y el āgāmī karma y todos estos forman el karmāśaya, que sería algo así como un “depósito kármico”.
Los nombres no son importantes, pero te dejo el dato por si quieres investigar.
Lo importante aquí es el concepto, eso es lo importante.
Quédate con esto:
El karma ya germinado (prārabdha), ese karma está dando fruto ahora mismo en tu vida, en tus circunstancias, en tu cuerpo…
Luego tenemos el karma que aún no ha germinado (samcita), digamos que está almacenado, a la espera.
Finalmente tenemos el karma futuro (āgāmī), que se está generando ahora mismo con tus acciones presentes.
Ahora…
La práctica de yoga, esto es, una práctica de yoga genuína, “quema” el karma.
Quema el karma que está en el almacén y también “disuelve” el karma futuro.
Y digo ‘disuelve’ porque ese karma futuro depende de tus acciones presentes y por lo tanto aún no es algo definitivo.
¿Y?
Y que a medida que avanzamos en la práctica interna nuestras acciones se vuelven más conscientes y consecuentemente el karma generado será “positivo”. De esta manera, el karma futuro se forma en el presente.
Cabe decir que el impacto de una acción consciente es mucho mayor que el de una acción torpe.
Ahora…
Un matiz importante aquí.
El karma que ya ha germinado no se puede quemar. Ese tipo de karma hay que atravesarlo.
No hay tu tía.
Ese karma no se puede ‘hackear’.
Peero..
Y aquí viene lo bueno:
Con el yoga se puede reducir su intensidad subjetiva, cambiar cómo se vive la experiencia y evitar que se genere nuevo karma en cadena.
O sea, el yoga transforma radicalmente la manera de atravesar ese karma, y de ahí su poder liberador. En otras palabras, lo transitas desde otra perspectiva.
Por qué la práctica espiritual no es un juego
Ahora presta mucha atención.
Te voy a decir porqué no hay que tomarse a broma la práctica espiritual.
Cuando tú empiezas a quemar karma, el otro karma se acelera. El karma del que no te puedes librar… ese es el que se acelera. Es como si al quemar el karma del almacén se ‘hiciera sitio’ y el que ya está en camino, el que ya está germinado, se colara por la puerta y se presentara en tu vida.
Y se presenta en forma de grandes lecciones.
Dolorosas, pero grandes lecciones.
Con el tiempo me di cuenta de que estas lecciones no son casualidad.
Responden a ciertos patrones que se repiten en la práctica y en la vida del practicante.
He intentado explicarlo con calma AQUÍ.
Cómo el yoga me salvó la vida en pleno duelo
Bien.
Después de sentar las bases para preparar el artículo, ahora pondré en contexto mis circunstancias personales para que veas cómo el yoga me salvó la vida (después de habérmela arruinado antes).
Mi gran lección, unido a un proceso de transformación repentino, fue la pérdida de mi compañera de vida, mi queridísima Edita.
Esto ha sido un punto de inflexión en mi vida.
Que se fuera alguien tan íntimo, tan cercano, y con tanta complicidad me tiró al abismo de mi propio ser.
De repente, el mundo cambió.
Todo era extraño, raro.
Era igual, pero extremadamente diferente en su existencia.
Existir era raro.
Un movimiento brutal en el punto de encaje había tenido lugar.
Un cambio de perspectiva radical, que solo una sacudida de este calibre en la conciencia podría generar.
Pensé que me estaba volviendo loco o quizás, por primera vez en mi vida supe lo que era la cordura.
Había estado viviendo en los mundos de Yupi demasiado tiempo.
Y me dí cuenta de que no tenemos tiempo.
No hay tiempo que perder.
No tienes tiempo tú, y tampoco lo tengo yo.
Nuestro tiempo en la Tierra es limitado.
Aunque pienses que lo tienes, estás equivocado.
No lo tenemos.
Y también me di cuenta de que todos nosotros, cada uno de nosotros, cada ser de este planeta, vamos a ciegas y hacemos lo que buenamente podemos ir haciendo.
Estamos perdidos en la inmensidad y somos lo suficientemente arrogantes para pensar que somos inmortales.
Queremos tener certezas en algo inherentemente cambiante como es la naturaleza de la existencia.
De locos.
Y no pensamos que cualquier momento, puede ser tu último momento… o peor… el último momento de alguien a quien amas.
Bueno…
Te puedes imaginar el viaje.
Todo esto estando yo sólo.
Con mi perro y con mi gata.
En un país extraño.
Con una lengua extraña.
Con gente extraña.
Con un clima diferente al acostumbrado.
Con un estilo de vida completamente nuevo para mí.
Sin familia cerca.
Sin contactos.
Sin trabajo.
Los cuatro amigos que tenía en ese sitio… me dejaron de lado.
Y para ponerle la guinda al pastel, mi vecino amenazándome de muerte y con una corrupción policial desde la base.
Hay más cosas pero vamos a dejarlo así, simplemente para que te hagas una idea.
La práctica como ancla en el caos
Bien.
Adivina qué fue mi ancla en todo este proceso.
Me imagino que lo sabes, pero por si te pillo desprevenido:
Exacto.
El yoga.
Mi práctica personal fue mi ancla.
Y el yoga no sólo me salvó la vida siendo mi ancla a través de mi práctica personal. Los años de práctica a mis espaldas fueron clave en mi salvación.
Todo ese trabajo hecho anteriormente, toda esa disciplina, toda esa fuerza de voluntad… todo eso se acumula. Lo tenía integrado. Estaba ahí.
Era como el bajo (los sonidos graves) de una canción. Permea todos los huecos y le da cierta solidez al sonido. Le da cuerpo.
Ojo con esto, ojo…
Aquí no estoy yendo de iluminado, para nada.
La vida me había tirado a una situación de caos total pero lo que te quiero decir es que la práctica estaba ahí como un pilar al que agarrarse.
Por eso te digo, que la práctica es un ensayo. La vida te pone a prueba y si has hecho los deberes las embestidas se hacen un poco más llevaderas.
La vida te examina.
Esto no lo dudes, la vida te va a examinar en el momento más inesperado.
Y más si haces una práctica espiritual, donde cada examen es literalmente una iniciación. Si tu práctica es muy vertical, la vida te lanza desafíos… ya sabes… se te acelera el karma.
Pranayama, asana y meditación en procesos de duelo
¿Pero entonces, de qué manera el yoga me salvó la vida?
Pues la primera y más obvia es la del bajo que te comentaba antes. Es una especie de certeza (no externa, sino interna) sobre mi capacidad para lidiar con todo esto. Esta cualidad fue ganada a través del mérito y la disciplina practicada durante años.
Pranayama y estabilidad mental a largo plazo
Y personalmente siento que tuvo mucho peso en esto, sobre todo a nivel mental, la práctica formal de pranayama que hago desde el 2015.
El pranayama practicado a lo largo de los años de manera consistente concede una especie de estabilidad sutil en la mente, que a la vez, se traduce en una cierta continuidad en la vida diaria.
Es algo difícil de explicar… pero a día de hoy no concibo practicar asana sin haber preparado en cuerpo para la impresión de las posturas vía pranayama.
Se siente muy diferente practicar asana sin preparar el cuerpo con pranayama antes.
Ashtanga yoga y regulación emocional
La segunda, a un nivel más práctico y diario, es la práctica en sí. Mi propia práctica personal. Y esto engloba no sólo la práctica de asana, sino que también incluye los kriyas, el pranayama y la meditación.
Es complejo saber exactamente qué efecto específico tiene cada componente de la práctica, pero algunas cosas se me hacen obvias.
Por ejemplo, la práctica de asana no sólo tiene un efecto energizante en el cuerpo, sino que ayuda a ganar estabilidad en la mente y las emociones (aunque a veces te las revuelva).
En mi proceso de duelo, por ejemplo, tuve que dejar en un segundo plano en varias ocasiones la práctica de la segunda serie de ashtanga. Debido a su naturaleza pránica, esta serie iba muy en contra de lo que mi cuerpo estaba pasando en ese momento, sobre todo a nivel emocional.
A la vez, esta secuencia, debido a su naturaleza, era el antídoto contra mi tendencia apánica, o sea, una energía más introspectiva, de repliegue, hacia dentro… depresiva. Dicho de otro modo, dependiendo el momento, esta misma secuencia de posturas podía ser veneno o un bálsamo.
Saber leer esto en uno mismo —y no forzar la práctica por orgullo o inercia— es una de las verdaderas señales de una práctica madura y sostenible.
Por lo tanto, conocer la energía de la secuencia me ayudó a crear un poco mejor esa alquimia interna para no perderme en mis emocionales procesos.
Aparte de eso, la práctica de asana, especialmente el ashtanga vinyasa, crea ‘espacio interno’. No sólo a nivel físico por así decirlo, sino que crea espacio en el cuerpo mental y emocional.
Por eso, cuando la mente y las emociones están en la centrifugadora, una sesión intensa de ashtanga puede tener el gran poder de apaciguar. Es como si a medida que avanzas en la secuencia y empiezas a crear ese espacio interno, las cosas se van asentando cada una en su lugar, creando ese ‘silencio’ y esa paz.
Dena Kingsberg lo explica a la perfección con la analogía del niño pequeño.
Si al niño le dices que se siente a la mesa y se esté quieto por un tiempo indeterminado… le va a costar mucho.
Se va a revolver, va a remolonear, se va a poner pesado, no te va a hacer caso, etc…
Tiene un exceso de energía que tiene que desfogar.
Ahora…
Para que un niño pequeño te haga caso tienes que cansarlo.
Antes de que se siente en la mesa le dices que de 20 vueltas a la casa corriendo, (si es posible gritando incluso) y sólo después de correr se puede sentar a la mesa…
¿Cómo estará ese niño?
Manso como un cordero, ¿verdad?
Vale.
El niño es la mente.
Y la herramienta para cansarlo es la práctica de asana.
Pues así funciona.
Meditación y reordenación interna en el duelo
Además de todo esto, la meditación jugó un papel especial en mi proceso. Es como una capa más profunda, en el estilo a la del pranayama.
El cuerpo me pedía a gritos sentarme 30’ y simplemente existir.
La meditación también ayuda a “reordenar” las piezas internas igual que lo hace un bote lleno de tierra y agua al dejarlo reposar.
Cada cosa se pone en el lugar que le corresponde… y por el camino se aprende paciencia y compasión.
Así que en retrospectiva, esto son unas pequeñas pinceladas de cómo el yoga me salvó la vida, después de habérmela arruinado primero.
Mi sensación es que al empezar esta práctica, al principio de todo, es que tuve unos años muy buenos, los cuales fueron preparatorios para lo que iba a venir después.
La gran purificación karmatica.
Esto lo sé.
En los años preparatorios el yoga me “destrozó” la vida para luego salvármela.
Para construir algo, hay que primero destrozar los cimientos de todo aquello que no es estable, que no es real.
Un viajazo en el que aún estoy metido y a saber cómo y cuando acaba (si es que acaba alguna vez).
Esta es mi historia, para bien o para mal.
Pero es la mía.
Estoy seguro que la tuya también merece ser contada porque todos estamos de una manera o de otra metidos en esto.
Este texto forma parte de una manera muy concreta de entender la práctica y la vida.
Si quieres comprender mejor desde dónde enseño y cómo trabajo todo esto en la práctica real, puedes verlo haciendo clic en las letras amarillas.
Mi intención con esto es inspirar, y ser un ejemplo viviente del poder de esta práctica.
No escribo esto desde la teoría ni desde un ideal espiritual. Lo escribo desde la práctica sostenida, desde el cuerpo y desde mi experiencia.
Si estás en un momento de tu vida donde sientes que la práctica ya no puede ser superficial, probablemente este no sea un texto casual para ti.
Bueno, lo voy a dejar aquí para que el articulo no se vaya de madre.
Un abrazo,
Dani
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