Cómo elegir profesor de yoga (sin caer en la trampa del gurú)

Elegir un buen profesor de yoga no es tan sencillo como parece.

Hoy en día hay miles de clases, estilos y profesores… pero muy poca gente sabe realmente en qué fijarse para tomar una buena decisión.

En este artículo te explico los criterios que, en mi experiencia, marcan la diferencia entre un profesor que te hace avanzar y uno que puede frenarte.

Cómo elegir un buen profesor de yoga (más allá de lo obvio)

Tanto si estás empezando como si llevas tiempo en esto del yoga, debes de saber que para que el yoga real (el de verdad) se transmita se necesita un profesor.

Encontrar un (buen) profesor de yoga podría parecer algo bastante sencillo. Hoy en día hay clases en casi cualquier ciudad, retiros, talleres, formaciones, cursos de profesorado…

Vamos, que levantas una piedra y te salen cuatro o cinco…

Pero la cuestión aquí es:

¿De todos estos… cual es el ‘bueno’?

Con cualquier buen profesor tienes garantía de aprender.

Pero también los hay que aún sin tener mala intención, pueden frenar tu práctica (y tu desarrollo interno) durante años.

Hazme caso.

En relación a la pregunta he de decirte algo:

No es una pregunta fácil de responder.

Y no lo es porque casi nadie te explica en qué deberías fijarte de verdad.

Qué deberías buscar realmente en un profesor de yoga

En mi caso, busco algo más profundo:

Alguien que se haya trabajado a sí mismo/a.

Y eso se nota.

Ya te digo si se nota.

Y muchas veces se nota al instante, porque la energía no miente.

Alguien que tiene un bagaje, que se ha trabajado, que ha cambiado, que se ha transformado a lo largo de su vida, que es su propia autoridad sin caer en la presunción o en la arrogancia… tiene una presencia y eso se nota.

Y curiosamente, y al contrario de lo que la lógica apunta, esto es algo que no se ve a menudo, sobre todo en el mundo del ashtanga… por lo menos en mi experiencia.

De hecho, buena parte de los problemas que he visto durante años dentro del mundo del yoga (especialmente el ashtanga) tienen que ver con una cosa bastante concreta: la autoridad.

Un tema del que hablo con más detalle en este ensayo sobre la autoridad dentro del ashtanga y la relación profesor-alumno.

Pero antes de entrar en ese terreno, veamos algo más práctico.

7 + 1 criterios para elegir un buen profesor de ashtanga

Y ojo, porque aquí solo te estoy enumerando algunos que en mi experiencia merecen bastante la atención.

Pero no es algo ni mucho menos escrito en piedra.

Aunque perfectamente podría ser una guía si eres totalmente nuevo.

Vamos a ello.

1. Hay una cierta conexión

Esto es bastante importante.

Si vas a empezar una disciplina como esta, debes hacerlo con alguien con quien te sientas bien.

Que te transmita.

Que conectes con esa persona, con lo que dice, con cómo lo dice y con su enfoque.

Que te inspire.

Todo esto, a mi entender, es quizás lo más importante. Si quieres que tu práctica sea longeva, hazlo con alguien con quien conectes.

2. Tiene interés en enseñarte.

Tiene lógica, verdad?

Pero mira una cosa…

Hay profesores que enseñan.

Y hay profesores que simplemente dan clase.

Hay veces en que uno se emperra pero no hay reciprocidad. Ojo con esto, porque lo pongo en el número 2 por algo.

No siempre hay un interés activo por parte del profesor (más allá del monetario) y eso puede afectar tu aprendizaje. Por eso, tantea.

Mira si quiere enseñarte cosas.

Si quiere ayudarte.

Si se interesa.

Si está al pie del cañón contigo.

3. Tiene una práctica propia

Puede parecer evidente, pero no siempre lo es.

Un profesor que no practica regularmente acaba enseñando desde la teoría.

No está conectado con la práctica y por lo tanto no puede enseñar desde la experiencia, algo fundamental para esto.

Sobre todo porque cuando uno practica, está en contacto directo con el conocimiento, y dependiendo de sus capacidades como profesor podrá aplicarlo mejor o peor.

No es el primero que me dice que su práctica la hace mientras da la clase.

4. No debe estar contaminado con la creencia en la “autoridad”

Esto lo desgrano paso a paso en este articulo de aquí, pero básicamente no debe de creerse con ‘autoridad’ para imponer su voluntad sin tu consentimiento.

Como explico en el artículo, el concepto de autoridad es humo. Según el diccionario hay dos definiciones de autoridad, y por lo general se confunden.

La primera es, el “poder de influir o dictaminar el pensamiento, la opinión o el comportamiento”.

Y la segunda es “una persona citada o aludida como experta”.

Si nos movemos dentro de la segunda definición, todo ok. Pero si el profesor no tiene claro que para la primera tiene que haber consentimiento… ahí es hora de llamar a Houston, porque tenemos un problema.

Y esto, aunque suene duro, pasa más de lo que parece.

5. Disfruta viendo mejorar a sus alumnos

Un buen profesor siente una satisfacción genuina cuando un alumno progresa.

No porque eso refleje algo sobre su propio estatus, sino porque forma parte natural del proceso de enseñanza.

Es algo que viene de dentro, totalmente altruista, y es el reflejo de aquellos que tienen un ego estable y el corazón abierto.

Esta cualidad consiste en la alegría por la felicidad de los demás y celebrar el éxito ajeno como propio. Patanjali lo menciona en el sutra I.33 y llama a esta cualidad “mudita”.

En este caso, la identidad del profesor no se siente “amenazada” ni depende de poner al alumno en una posición inferior para sentirse completo ni para reafirmar su valía.

Cuando esa actitud no está presente, suelen aparecer cosas bastante menos saludables: comparaciones, competencia o incluso pequeñas dinámicas de control.

6. Está dispuesto a responder preguntas

La enseñanza implica preguntas.

Siempre.

Si un profesor se incomoda cuando alguien cuestiona algo, o si evita constantemente entrar en ciertos temas, probablemente hay algo que merece ser observado con atención.

El aprendizaje real casi siempre implica curiosidad y diálogo.

Pero ojo, aquí hay un factor clave que recae en el estudiante también.

Y tiene que ver con el nivel de educabilidad del estudiante.

La manera más óptima de aprender es justo entre el maestro y el estudiante, como se puede ver en el diagrama de la campana de educabilidad.

Esto vale para cualquier situación en la que uno enseña y el otro aprende.

Las peores posiciones para aprender, y esto puede sonar contraproducente en un primer momento, son cuando alguien está totalmente cerrado y es arrogante. Pero igual de pobre es la posición cuando alguien está totalmente abierto y es demasiado ingenuo o crédulo.

La campana de la educabilidad

Por eso, repito, la enseñanza siempre implica preguntas y respuestas.

Si no puedes preguntar… difícilmente puedes aprender.

Y cuando no entiendes lo que haces… empiezas a compensar.

A forzar.
A repetir sin saber muy bien por qué.

Hasta que un día el cuerpo (o la cabeza) dice basta.

Si te suena esto, échale un vistazo a esto de aquí.

7. No fomenta dependencia

Un buen profesor intenta que sus alumnos se vuelvan cada vez más autónomos e independientes.

Es decir, que entiendan lo que están haciendo, que desarrollen criterio y que poco a poco puedan sostener su propia práctica.

Cuando la relación se basa en dependencia constante, el aprendizaje se estanca.

He visto más de una vez ver a profesores dirigiendo su negocio y crear dependencia de manera artificial, mediante halagos exagerados para ‘masajear’ los egos de los alumnos.

Si ese es tu caso… huye de ahí.

7 + 1. No necesita construir una imagen de “gurú”

Algunos profesores parecen sentirse más cómodos cuando los alumnos los colocan en un pedestal.

Sin embargo, cuanto más se exagera esa dinámica, más fácil es que aparezcan problemas de autoridad, jerarquía o pensamiento de grupo.

Este fenómeno ocurre con más frecuencia de lo que parece dentro de ciertas comunidades de yoga.

Consejo no solicitado:Nunca dejes tu sentido común fuera de la esterilla.

Como mi profesora Dona Holleman nos decía …

“Yo no quiero ser gurú de nadie… porque sabes lo que pasa?

Que todos van en fila india siguiendo a su gurú, y cuando el gurú se equivoca y se cae en un charco… chofff!!

Allá van todos detrás”

Mentoría vs autoridad

En el yoga, como en cualquier disciplina profunda, es natural buscar a alguien con más experiencia que pueda orientar el camino.

Eso es lo que tradicionalmente llamaríamos un mentor.

Pero mentoría y autoridad no son exactamente lo mismo.

Un mentor puede compartir conocimiento, experiencia o perspectiva.

La autoridad, en cambio, aparece cuando alguien asume —o cuando los demás le conceden— el derecho de dictar lo que otros deben pensar o hacer.

Esa diferencia puede parecer sutil, pero en la práctica cambia enormemente la dinámica entre profesor y alumno.

Si te interesa explorar este tema con más profundidad, escribí un ensayo donde analizo cómo funciona realmente la autoridad dentro del mundo del ashtanga y del yoga en general.

Encontrar un profesor que encaje contigo

Al final, elegir profesor de yoga no es muy distinto de elegir un mentor en cualquier otro ámbito.

Tiene que haber cierta afinidad.

Cierta confianza.

Y sobre todo una sensación de que la relación favorece tu crecimiento, no tu dependencia.

Porque, si algo debería hacer el yoga, es precisamente darte más libertad sobre todo a nivel mental y emocional, no sólo en el cuerpo y el movimiento.

Debería ayudarte a desarrollar claridad, autonomía y una relación más honesta contigo mismo.


Mira…

Este tipo de cosas no se enseñan abiertamente en clases.

Ni en formaciones.

Ni siquiera en la mayoría de blogs.

De vez en cuando escribo sobre esto en la newsletter —sobre todo lo que ocurre fuera de lo visible: dinámicas, errores comunes y cosas que descubro a medida que practico.

Y es que hay cosas que solo entiendes cuando llevas años practicando… y otras que o te las cuentan, o tardas demasiado en verlas.

¿Que te interesa?

Te apuntas aquí con un clic.

¿Que no?

Te desapuntas con otro y adiós muy buenas.

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